María Teresa Párima: una vida consagrada a la enfermería

A sus 94 años de edad, la enfermera venezolana fue reconocida con la más grande distinción que otorga la Cruz Roja

Durante más de siete décadas de servicio ininterrumpido, la enfermera venezolana María Teresa Párima ha tejido su vida entre batas blancas, jeringas y vocación. A sus 94 años de edad, ella continúa ejerciendo en el Hospital Carlos J. Bello de la Cruz Roja Venezolana, en Caracas, donde su presencia se ha vuelto tan constante como el ir y venir de los pacientes.

En octubre de este año, el Comité Internacional de la Cruz Roja reconoció a Párima con la medalla Florence Nightingale, la más grande distinción que otorga la institución, y un símbolo de gratitud hacia quienes, como ella, han hecho del cuidado y la compasión su forma de vida.

Durante el evento, el presidente de la Cruz Roja Venezolana, Luis Manuel Farías, subrayó que la medalla no solo celebra los años de entrega de Párima, sino que reafirma el espíritu de la institución: la cercanía con las personas, el orgullo por el voluntariado y la fuerza de la empatía como guía.

Con el reconocimiento, la enfermera venezolana fue homenajeada por su trayectoria y por la inspiración que representa para las nuevas generaciones de profesionales de la salud. Recibió el galardón con la serenidad de quien ha hecho del cuidado un acto cotidiano de amor, dedicando el reconocimiento a sus compañeros de la Cruz Roja y a todos aquellos que, en los inicios de su carrera, encendieron en ella la llama del servicio.

“Dicen que el tiempo pasa rápido, y es cierto. 74 años han volado, pero la alegría de ver a un paciente recuperarse o mejorar a manos de una enfermera que abraza su vocación con honor es un sentimiento que el tiempo no ha logrado desgastar”, reflexionó en su discurso de agradecimiento, compartido por la Cruz Roja Venezolana el 18 de octubre.

La enfermería: su vocación y mayor pasión

Nacida el 21 de septiembre de 1930 en Onoto, un pequeño pueblo del estado Anzoátegui, María Teresa descubrió cuál era su vocación gracias a una beca que le permitió formarse en la Escuela Municipal de Enfermería, donde egresó en 1951. A los 15 años de edad partió a Caracas para culminar sus estudios de bachillerato y abrirse camino en el mundo de la salud. 

En la Cruz Roja de Caracas encontró su vocación y su hogar. Allí se formó como enfermera y, poco después, inició su vida profesional en el Hospital Carlos J. Bello, donde ha permanecido durante más de siete décadas.

Su carrera ha sido testigo de algunos de los momentos más difíciles de la historia venezolana: desde la Tragedia de Vargas hasta la pandemia de covid-19, circunstancias que pusieron a prueba la fortaleza del sistema sanitario y el temple de quienes lo sostienen. En todos ellos, Párima estuvo presente, firme y serena, con la convicción de que servir es la forma más noble de resistir.

Gracias a su vasta experiencia, también ha dedicado buena parte de su vida a la enseñanza. Las nuevas generaciones de estudiantes de la Cruz Roja la reconocen como madrina y guía, un faro de sabiduría y ternura que ilumina el camino de quienes apenas comienzan a descubrir el arte de cuidar.

Así, la figura de María Teresa Párima trasciende el tiempo y se erige como un ejemplo de entrega silenciosa. Su historia recuerda que la grandeza se construye con gestos sencillos: una palabra de consuelo, una mano extendida, una vida entera al servicio de los demás.

“Esta medalla no me pertenece únicamente. Es un reconocimiento que comparto con cada enfermera y enfermero, con cada voluntario que ha trabajado a mi lado. Mientras tenga fuerzas y mi mente se mantenga clara, seguiré aquí, al servicio de la Cruz Roja y de mi país”, concluyó.

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